miércoles, 5 de noviembre de 2008

Los impáctos económicos por la migración en nuestro país.


Los impactos económicos por los migrantes.



La magnitud y características del proceso emigratorio en Ecuador y el consecuente envío de remesas han marcado la economía del país, a nivel macro, meso y micro, y, pese a ello, más allá de la discusión teórica, salvo historias excepcionales de migrantes exitosos, no se han solucionado los graves problemas de pobreza y marginación.

A nivel macroeconómico, el principal impacto tiene que ver con los flujos de remesas, que representan el segundo rubro de divisas del país, después del petróleo. En el año 2002, el Ecuador recibió 1.432 millones de dólares por concepto de remesas, lo que equivale al 6% del PIB. Por otra parte, las remesas han tenido un crecimiento estable en los últimos años, a diferencia del comportamiento volátil observado en las otras fuentes de divisas (exportaciones petroleras y no petroleras). Así, la magnitud y aparente estabilidad de las remesas, se han constituido en un contrapeso importante del déficit de la Balanza de Pagos, evitando el colapso del modelo de desarrollo aperturista y del sistema de dolarización.

Otro efecto macroeconómico importante de las remesas tiene que ver con el impacto agregado de las decisiones microeconómicas sobre su uso. Se debe considerar que casi un millón de ecuatorianos recibe remesas, con un monto promedio de 175 dólares por envío. Las encuestas (10) revelan que los receptores de remesas gastan mayoritariamente sus ingresos en bienes y servicios básicos y pagos de deudas (61%); casi un cuarto de los ingresos se invierte en negocios, ahorro, propiedades, y educación; y una proporción menor (17%) se gasta en bienes de lujo. Si bien no se ha realizado un estudio sobre el efecto multiplicador de la asignación de estos gastos e inversión en la economía, es claro, que estos recursos han impacto en proteger a las familias de la pobreza, pero no se han articulado al desarrollo de sus comunidades. Varios factores están afectando estos resultados: la baja confianza en la economía nacional y el sector financiero que limita las posibilidades de ahorro de mediano y largo plazo y de inversión; la limitada articulación del ahorro al desarrollo local; una cultura de consumo "globalizada" que busca el estándar, no solo de calidad, sino también de estatus; una baja productividad y calidad de la oferta de bienes y servicios nacionales y locales; y, las expectativas propias de emigración de los receptores de remesas, que limitan el compromiso y las acciones favorables con el desarrollo de sus propias comunidades y país.

En el mercado laboral, el efecto del ingreso de las remesas ha provocado una disminución de la participación de los perceptores y una disminución de su esfuerzo laboral, para el caso de los hombres (11). También se ha influido en la reducción de las tasas de desempleo. En ciertos casos, incluso, hay escasez de mano de obra para ciertas calificaciones, como albañiles en el Azuay, lo que ha resultado en la atracción de mano de obra de países vecinos.

En el caso del mercado de bienes y servicios, lo que se constata es índices de precios más altos en ciudades de emigración más antigua y consolidada como Cuenca y Loja. Ciudades con porcentajes de emigración importante, pero reciente, y economías densas y dinámicas como Quito y Guayaquil, no registran mayores cambios en su niveles de precios, en relación al promedio nacional, teniendo incluso índices de precios más bajos.

El mercado financiero también revela algunos efectos. Por un lado, este mercado no se ha logrado activar por la desconfianza de la gente en la recuperación del sistema financiero. El ahorro de remesas, frecuentemente es de corto plazo y está limitado a cubrir gastos cotidianos de bienes y servicios básicos, y ciertas emergencias. Por otro lado, una gran parte de las transacciones relacionadas al envío de remesas ocurre a través de mecanismos informales y no ocurre, más que marginalmente, a través de la banca formal o del sistema cooperativo. Este comportamiento impacta en los altos costos de los envíos, lo cual es particularmente grave, por tratarse de montos pequeños y frecuentes. Es importante advertir, también, que, por otro lado, el ahorro que logra captar, principalmente el sistema bancario, tampoco permanece en las comunidades pequeñas e intermedias, sino que es colocado en las ciudades principales del país, Quito y Guayaquil, o incluso fuera del país.

Finalmente, es importante advertir que los impactos no son homogéneos entre la población y comunidades afectadas. Varias investigaciones de caso, dan cuenta, por un lado, de un aumento en las diferencias socioeconómicas al interior de las comunidades, entre las familias de migrantes y, más allá, entre las familias de perceptores de remesas y las familias que no están en esta situación.
Por último, es importante mencionar, aunque no existen suficientes datos sistematizados, al respecto, y se requiere mayor investigación, que se estaría dando un proceso de redistribución del ingreso y activos de la población migrante y sus familias hacia los chulqueros y coyoteros por el pago de los servicios recibidos, en condiciones de desigualdad en la negociación. En muchos casos, esto ha implicado el surgimiento de "nuevos ricos" que concentran los ingresos y bienes de las familias de los migrantes.

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